Durante el mes de julio, un grupo de voluntarios procedentes de España e Italia participamos en una misión humanitaria organizada por la VIS Foundation en Ruanda.

Ruanda es un país pequeño ubicado en el centro oriental de África. Durante todo el siglo XX ha sufrido mucho, por los conflictos entre los hutus y los tutsis, las dos principales etnias del país. Pero fue en el año 1994 cuando sufrió una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad: un genocidio que estremeció al mundo y que ha marcado profundamente a la población; cerca de un millón de personas murieron masacradas a golpe de machete en apenas tres meses. Las cicatrices de esta barbarie se perciben aún hoy con gran dureza. Para los que recuerden la película “Hotel Ruanda”, esta parte de la historia les será conocida; como curiosidad, pudimos visitar el hotel en el que se desarrolla la película, el “hotel des Mille Collines”.

Efectivamente, lo llaman el país de las mil colinas. Ellas lo hacen particularmente fértil y bello. Aunque es extremamente pobre, está haciendo progresos muy interesantes. La gente es muy alegre, acogedora, trabajadora, acostumbrada al sacrificio y está muy comprometida con su nación, a la cual aman de forma admirable.

La misión se desarrolló en dos fases: la primera en la “Cité des Jeunes de Nazareth”, en Mbare, cerca de Muhanga, diócesis católica de Kabgayi. El obispo nos recibió con los brazos abiertos. Ahí estuvimos buena parte del tiempo, conviviendo con unos 200 niños y adolescentes que viven y se forman en ese centro. Desde hace años VIS Foundation apoya a un buen número de estos niños y niñas gracias al programa de padrinos. La segunda fase se desarrolló a Kigali, la capital, donde ofrecimos nuestros servicios en el centro de las Misioneras de la Caridad fundadas por Madre Teresa de Calcuta.

En la “Cité des Jeunes” jugamos con los niños, bailamos, llevamos a cabo diversos concursos de dibujo y manualidades, animamos diversos encuentros formativos, sobre todo con los más grandes, y además hicimos algunas revisiones para la mejoría de las instalaciones, como por ejemplo la resolución de unos problemas con la bomba de agua y el servicio hidráulico. Una parte importante del trabajo está dedicada a las entrevistas personales con los niños, pues la escucha de sus historias y de sus ambiciones es fundamental en su desarrollo terapéutico. Dado que algunos de ellos estudian en otros bachilleratos, se les fue a visitar para desarrollar las mencionadas dinámicas educativas. No hicimos nada de excepcional, pero quizá lo más importantes: darles afectos, dedicarles nuestro tiempo, animarles en su camino de maduración y compromiso personal.

En Kigali, por otra parte, donamos una tonelada de comida y detergentes a las Misioneras de la Caridad, pues ellas ayudan a muchas familias pobres, además de que en el mismo centro estudian niños y viven ancianos, discapacitados y algunas prostitutas en rehabilitación. Además, dedicamos una buena parte de nuestro tiempo a lavar la ropa sucia, ya que cotidianamente se acumula en gran cantidad.

Vale la pena recordar que en un par de ocasiones hicimos un paréntesis en el trabajo para conocer mejor el país y descansar un poco. Concretamente estuvimos en Nyanza, para profundizar la historia del país y visitar la que fue casa del rey de Ruanda. Ese mismo día hicimos una peregrinación a Kibeho, el lugar de las apariciones de la Virgen; incluso conocimos a una de las videntes y al obispo de la diócesis. Otro día quisimos conocer el lago Kivu, pero, considerando que había una epidemia de ébola en Goma, una ciudad del Congo limítrofe con el país, decidimos cambiar rumbo y fuimos hacia el parque nacional de Akagera.

Podríamos contar mil detalles y aventuras que vivimos esos días, pero se trata de ofrecer una idea de la experiencia, no de hacer un diario exhaustivo de lo que vivimos. Así que, lamentablemente, hay que reducir la narración a una síntesis de los principales acontecimientos.

Para todos los voluntarios fue una experiencia excepcional, rica en emociones y en recuerdos inolvidables. Las lágrimas en los ojos de muchos de los voluntarios, el día de la partida, describían con suma claridad la profundidad e intensidad de la misión humanitaria. Comprobamos una vez más lo que siempre se dice: “en las misiones humanitarias es más lo que recibes que lo que logras dar a los demás”. Es éste el regalo que te hacen las personas del lugar y a ellos va nuestra más profunda gratitud por la acogida y el afecto que nos mostraron.

Galería de Fotos de la Misión

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